¡Un pueblo encaramado y sorprendente!

¡Olvídese de los tacones! ¡A Cordes-sur-Ciel tampoco se sube en coche! El ascenso se hace a pie, a través de sus empinadas y adoquinadas calles. Nos metemos de golpe en un ambiente medieval: con puertas fortificadas, murallas, fachadas góticas esculpidas y pequeños callejones escondidos. Su encanto da el primer paso.
En la visita, nos paramos a ver los talleres de los artistas. Para quienes sean pintores, escritores, ceramistas, escultores o joyeros, este es el lugar propicio para la inspiración artística.
En ciertas mañanas en las que la niebla rosada invade el valle, Cordes-sur-Ciel hace honor a su nombre y y flota sobre el cielo. Un descanso con mucho encanto.
¡No se pierda los crocantes de Cordes! Una receta local elaborada con un poco de azúcar, almendras y claras de huevo que forman un crocante ligero y delicioso.

Los crocantes de Cordes

…El viajero que contempla la noche desde la terraza de Cordes, sabe que no tiene necesidad de ir más lejos y que si quiere, la belleza del lugar le hará disfrutar de la soledad día tras día»
Albert Camus

Desde lo alto de esta ciudad medieval sentirá que domina el mundo y se sentirá testigo de la historia.

Los expertos

Véronique, guía experta

La guía turística, Véronique, adora perderse entre las callejuelas de Cordes y subir por las pequeñas escaleras que parecen pasajes secretos...